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Archivos Mensuales: octubre 2014

Parte III: Revisión del Reglamento Penitenciario entre la Posguerra y la Transición


 

                ‘‘Una cárcel es un recinto cerrado, fuerte y seguro, en el cual los delincuentes se encuentran obligatoriamente recluidos sin ninguna posibilidad, en principio, de evadirse. Su edificio, provisto de los dispositivos necesarios de custodia y vigilancia de los reos, debe estar a la vez provisto de una serie de servicios acordes con el sistema penitenciario adoptado. Verdadera máquina social de exclusivo uso instrumental de castigo, su arquitectura siempre ha estado investida del grave carácter que la confiere la justicia. Funcional y simbólicamente una prisión es la máxima expresión del poder establecido.
En la Edad Media, cuando la mazmorra era el pudridero de los prisioneros, la adustez del lugar bastaba para imponer el respeto de la autoridad. En los tiempos modernos, en los que, además de la intimidación, interviene el concepto de recuperación social del detenido, como señala un tratadista de la ”arquitectura parlante”, una cárcel, además de señalar externamente la seguridad en su fachada, tiene que imponer ”el respeto debido no tan solo a los encarcelados sino que también al público”
 Casa de reclusión y corrección ejemplar, en la que solo se entra con vergüenza, una prisión es un edificio de carácter edilicio relegado a la categoría de lo inectuable, que, al igual que los hospitales, hospicios, manicomios, cuarteles, mataderos, etc., resultan imprescindibles para el desarrollo de la vida social. Pero en la actual escala de valores de las cárceles, lo mismo que los cementerios, son elementos urbanos que el común de lo ciudadanos quisiera olvidar, incorporándolos a una arquitectura sin adjetivizaciones, dotándolos de un aspecto anodino, carente de todos los signos o marcas aparentes de autoridad que hasta hace muy poco se consideraban esenciales e intrínsecas a su arquitectura.’’
Bonet Correa A. – Arquitectura carcelaria en España. Historia 16. Extra VII – Cárceles en España. Octubre 1978:139-144.

 

Reglamento de los Servicios de Prisiones adaptado a la Ley de 15 de Julio de 1954.(Modificado por el Decreto 162/1968)

Con ocasión de la Guerra Civil Española (1936-1939) el panorama penitenciario español se hizo especialmente sombrío, debido al aumento de prisioneros y a la división social causada por el conflicto. En esta época hay múltiples normas y reglamentos en lo referente al mundo penitenciario, pero cabe destacar el Reglamento de 1956 (Adaptado del de 1954), que se caracteriza por su sencillez de estilo y estructura, su carácter moderno, su adaptación general a las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas de 1955, el humanitarismo y el respeto de la personalidad, la regulación minuciosa de los derechos y deberes de los reclusos, así como de las facultades de los funcionarios.[1]

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Parte II: Aplicación de las nuevas ideas en la España del XIX

En España, el proceso de reforma penitenciaria se alargó todo el siglo XIX por las difíciles circunstancias históricas. En 1832, Marcial Antonio López realizó un viaje por Europa y América, comisionado por la Corona. En el informe que realizó propuso la creación de cárceles modelo, de grandes dimensiones, y siguiendo el modelo radial de Cherry Hill. La más antiguade estas cárceles es la provincial de Victoria, construida en 1859. Sin embargo, la Modelo de Madrid construida entre 1877 y 1884, obra de Tomás Aranguren y la Modelo de Barcelona Barcelona (1887-1904), de Salvador Viñals y Domenech Espada, las que serán tomadas como referencia para la construcción del resto de presidios. Las prisiones modelo acabaron sucumbiendo al paso del tiempo, el modelo penitenciario de principios del XIX se volvió obsoleto y el hacinamiento y el crecimiento de las ciudades acabaron englobándolas en la trama urbana y convirtiéndolas en focos de marginación.

Jacobo Villanova y Jordan fue uno de los primeros en hablar de las nuevas teorías en ‘‘Aplicación de la Panóptica de Jeremías Bentham a las cárceles y casa e corrección de España’’, en el año 1834, por orden de Fernando VII. El escrito abarca desde el penoso estado de las cárceles, en espacial las de Madrid, y como el modelo de Bentham podría ayudar a la regeneración del sistema, hasta cuestiones de índole práctica con respecto a la construcción de nuevas cárceles, como su localización y costes.


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Antes de empezar a hablar de la Cárcel de la Torre, es conveniente que nos familiaricemos con la situación penitenciaria bajo la que se construye, así como la evolución de las prisiones  desde la Edad Media hasta el siglo XX (Recordemos que la Antigua Prisión Provincial de A Coruña funciono como tal entre 1928 y 1998).  Se considera que un mínimo conocimiento de las leyes y reglamentos de ese periodo es importante para una mejor comprensión no solo de la forma original de la Cárcel, pero también de los cambios ocurridos en ella en el transcurso de la actividad penitenciaria. Ver como el edificio supo adaptarse a los cambios de filosofía penitenciaria debe también servir como base a la reflexión sobre el futuro del mismo, teniendo en cuenta las soluciones adoptadas en el pasado y los resultados que se obtuvieron con las mismas.

Parte I: Los inicios de la disciplina penitenciaria en Europa y en Norteamérica


Desde la Edad Media hasta el Siglo XVIII

El concepto de cárcel como lugar de reclusión proviene de las reformas ilustradas de los siglos XVII y XIX. Desde la Edad Media hasta el siglo XVIII las cárceles se entendieron como lugares donde los infractores esperaban el juicio, no como lugar de cumplimiento de condena, que solía ser de tipo físico. El precedente más importante a las leyes del siglo XVIII, y que sustenta esta práctica, lo encontramos en el Código de las Siete Partidas (1256-1257), dado por Alfonso X El Sabio: ‘‘Ca la carcel non es dada para escarmentar los yerros, mas para guardar los presos tan solamente en ella fasta que sean juzgados’’[1]

Las Cárceles Imaginarias, lámina XI (La Carceri d’Invenzione). Giovanni Battista Piranesi. Roma. 1761. (Fuente: Wikimedia)

Las Cárceles Imaginarias, lámina XI (La Carceri d’Invenzione). Giovanni Battista Piranesi. Roma. 1761. (Fuente: Wikimedia)

Este pensamiento de las cárceles como lugares de espera de la condena hizo que durante esta época y  hasta el siglo XVIII las prisiones no tuvieran en cuenta las más mínimas condiciones higiénicas, y con una organización sumaria que se limitaba a hacinar a los reos en celdas comunitarias sin discriminación de edad, sexo o tipo de delito.

Aparición de una tipología propia

Ya en el siglo  XIX  empiezan a aparecer las primeras cárceles propiamente dichas, cuyas formas variarán según la filosofía penitenciaria que sigan.

Uno de los primeros en preocuparse por la cuestión será  Jonh Howard, quien entra en contacto con el mundo penitenciario británico en el siglo XVIII y queda impactado por las pésimas condiciones en las que se encontraban los presos. Este estado era consecuencia de la legislación de la época, por lo que Howard buscó en las ideas de otros reformistas alternativas al sistema vigente. Uno de los que más le influenció fue Beccaria con su ‘‘Dei deliti e delle pene’’ (1764), donde lo más novedoso es que entiende  la pena como un medio para evitar futuros delitos, y no como una venganza social. También le impacta la Maison de Force de Gante, construida por Malfaison y Kluchman entre 1772 y 1775, cuya forma permitía una fácil clasificación de los presos por sexos y edades[2].

En esta época también empiezan a aparecer propuestas para prisiones ideales, de entre las cuales destaca el Panóptico de Jeremy Bentham. Consistía en un elemento circular con las celdas colocadas de manera radial, colocando el centro de vigilancia en la parte central del mismo. Bentham la denomina La Casa de Inspección, y según él esta podía utilizarse como escuela, fábrica, hospital y en especial para prisión.

Cruzando el Atlántico

En la segunda mitad del siglo XIX, América del Norte fue un terreno propicio para los experimentos sociales. Los norteamericanos generaron dos tipos de sistemas de prisiones, bastante diferentes entre si:  Aurbun, en Nueva York, donde se trabajaba en zonas comunes durante el día y por la noche se descansaba en celdas separadas, y la Penitenciaria del Este, en Filadelfia, donde el confinamiento era individual día y noche.

Prisión de Cherry Hill, Philadelphia. (1829) (Fuente: Wikipedia)

Prisión de Cherry Hill, Philadelphia. (1829) (Fuente: Wikipedia)

La Penitenciaria del Este, también conocida como la prisión de Cherry Hill, es un edificio radial con siete crujías en el diseño original, inspirado la Maison de Force de Gante. Se construyó en unos terrenos que en aquel momento estaban bastante alejados del centro urbano, lo que supone una primera novedad. En el centro del complejo, un edificio de vigilancia permitía a los guardianes observar a los presos, separados en galerías diferenciadas según los criterios de Howard.

La prisión de Cherry Hill se convirtió en el paradigma de cárcel de planta radial. y si bien el sistema penitenciario de Pensilvania no fue adoptado por otras naciones, el modelo arquitectónico de John Haviland sí tuvo una amplia repercusión internacional.

Continua en la Parte II: Aplicación de las nuevas ideas en la España del XIX

Referencias y Citas

[1]              Burgos Fernández F. Evolución histórica de la legislación penitenciaria en España. Anales de la Universidad de Cádiz. 1996;n.11:253-266

[2]              García Algarra J. La reforma carcelaria en el pensamiento ilustrado y su plasmación en modelos arquitectónicos. UNED. 2002

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