Evolución del derecho penitenciario y su respuesta en los modelos de cárceles (I)

Antes de empezar a hablar de la Cárcel de la Torre, es conveniente que nos familiaricemos con la situación penitenciaria bajo la que se construye, así como la evolución de las prisiones  desde la Edad Media hasta el siglo XX (Recordemos que la Antigua Prisión Provincial de A Coruña funciono como tal entre 1928 y 1998).  Se considera que un mínimo conocimiento de las leyes y reglamentos de ese periodo es importante para una mejor comprensión no solo de la forma original de la Cárcel, pero también de los cambios ocurridos en ella en el transcurso de la actividad penitenciaria. Ver como el edificio supo adaptarse a los cambios de filosofía penitenciaria debe también servir como base a la reflexión sobre el futuro del mismo, teniendo en cuenta las soluciones adoptadas en el pasado y los resultados que se obtuvieron con las mismas.

Parte I: Los inicios de la disciplina penitenciaria en Europa y en Norteamérica


Desde la Edad Media hasta el Siglo XVIII

El concepto de cárcel como lugar de reclusión proviene de las reformas ilustradas de los siglos XVII y XIX. Desde la Edad Media hasta el siglo XVIII las cárceles se entendieron como lugares donde los infractores esperaban el juicio, no como lugar de cumplimiento de condena, que solía ser de tipo físico. El precedente más importante a las leyes del siglo XVIII, y que sustenta esta práctica, lo encontramos en el Código de las Siete Partidas (1256-1257), dado por Alfonso X El Sabio: ‘‘Ca la carcel non es dada para escarmentar los yerros, mas para guardar los presos tan solamente en ella fasta que sean juzgados’’[1]

Las Cárceles Imaginarias, lámina XI (La Carceri d’Invenzione). Giovanni Battista Piranesi. Roma. 1761. (Fuente: Wikimedia)

Las Cárceles Imaginarias, lámina XI (La Carceri d’Invenzione). Giovanni Battista Piranesi. Roma. 1761. (Fuente: Wikimedia)

Este pensamiento de las cárceles como lugares de espera de la condena hizo que durante esta época y  hasta el siglo XVIII las prisiones no tuvieran en cuenta las más mínimas condiciones higiénicas, y con una organización sumaria que se limitaba a hacinar a los reos en celdas comunitarias sin discriminación de edad, sexo o tipo de delito.

Aparición de una tipología propia

Ya en el siglo  XIX  empiezan a aparecer las primeras cárceles propiamente dichas, cuyas formas variarán según la filosofía penitenciaria que sigan.

Uno de los primeros en preocuparse por la cuestión será  Jonh Howard, quien entra en contacto con el mundo penitenciario británico en el siglo XVIII y queda impactado por las pésimas condiciones en las que se encontraban los presos. Este estado era consecuencia de la legislación de la época, por lo que Howard buscó en las ideas de otros reformistas alternativas al sistema vigente. Uno de los que más le influenció fue Beccaria con su ‘‘Dei deliti e delle pene’’ (1764), donde lo más novedoso es que entiende  la pena como un medio para evitar futuros delitos, y no como una venganza social. También le impacta la Maison de Force de Gante, construida por Malfaison y Kluchman entre 1772 y 1775, cuya forma permitía una fácil clasificación de los presos por sexos y edades[2].

En esta época también empiezan a aparecer propuestas para prisiones ideales, de entre las cuales destaca el Panóptico de Jeremy Bentham. Consistía en un elemento circular con las celdas colocadas de manera radial, colocando el centro de vigilancia en la parte central del mismo. Bentham la denomina La Casa de Inspección, y según él esta podía utilizarse como escuela, fábrica, hospital y en especial para prisión.

Cruzando el Atlántico

En la segunda mitad del siglo XIX, América del Norte fue un terreno propicio para los experimentos sociales. Los norteamericanos generaron dos tipos de sistemas de prisiones, bastante diferentes entre si:  Aurbun, en Nueva York, donde se trabajaba en zonas comunes durante el día y por la noche se descansaba en celdas separadas, y la Penitenciaria del Este, en Filadelfia, donde el confinamiento era individual día y noche.

Prisión de Cherry Hill, Philadelphia. (1829) (Fuente: Wikipedia)

Prisión de Cherry Hill, Philadelphia. (1829) (Fuente: Wikipedia)

La Penitenciaria del Este, también conocida como la prisión de Cherry Hill, es un edificio radial con siete crujías en el diseño original, inspirado la Maison de Force de Gante. Se construyó en unos terrenos que en aquel momento estaban bastante alejados del centro urbano, lo que supone una primera novedad. En el centro del complejo, un edificio de vigilancia permitía a los guardianes observar a los presos, separados en galerías diferenciadas según los criterios de Howard.

La prisión de Cherry Hill se convirtió en el paradigma de cárcel de planta radial. y si bien el sistema penitenciario de Pensilvania no fue adoptado por otras naciones, el modelo arquitectónico de John Haviland sí tuvo una amplia repercusión internacional.

Continua en la Parte II: Aplicación de las nuevas ideas en la España del XIX

Referencias y Citas

[1]              Burgos Fernández F. Evolución histórica de la legislación penitenciaria en España. Anales de la Universidad de Cádiz. 1996;n.11:253-266

[2]              García Algarra J. La reforma carcelaria en el pensamiento ilustrado y su plasmación en modelos arquitectónicos. UNED. 2002

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