Evolución del derecho penitenciario y su respuesta en los modelos de cárceles (III)

Parte III: Revisión del Reglamento Penitenciario entre la Posguerra y la Transición


 

                ‘‘Una cárcel es un recinto cerrado, fuerte y seguro, en el cual los delincuentes se encuentran obligatoriamente recluidos sin ninguna posibilidad, en principio, de evadirse. Su edificio, provisto de los dispositivos necesarios de custodia y vigilancia de los reos, debe estar a la vez provisto de una serie de servicios acordes con el sistema penitenciario adoptado. Verdadera máquina social de exclusivo uso instrumental de castigo, su arquitectura siempre ha estado investida del grave carácter que la confiere la justicia. Funcional y simbólicamente una prisión es la máxima expresión del poder establecido.
En la Edad Media, cuando la mazmorra era el pudridero de los prisioneros, la adustez del lugar bastaba para imponer el respeto de la autoridad. En los tiempos modernos, en los que, además de la intimidación, interviene el concepto de recuperación social del detenido, como señala un tratadista de la ”arquitectura parlante”, una cárcel, además de señalar externamente la seguridad en su fachada, tiene que imponer ”el respeto debido no tan solo a los encarcelados sino que también al público”
 Casa de reclusión y corrección ejemplar, en la que solo se entra con vergüenza, una prisión es un edificio de carácter edilicio relegado a la categoría de lo inectuable, que, al igual que los hospitales, hospicios, manicomios, cuarteles, mataderos, etc., resultan imprescindibles para el desarrollo de la vida social. Pero en la actual escala de valores de las cárceles, lo mismo que los cementerios, son elementos urbanos que el común de lo ciudadanos quisiera olvidar, incorporándolos a una arquitectura sin adjetivizaciones, dotándolos de un aspecto anodino, carente de todos los signos o marcas aparentes de autoridad que hasta hace muy poco se consideraban esenciales e intrínsecas a su arquitectura.’’
Bonet Correa A. – Arquitectura carcelaria en España. Historia 16. Extra VII – Cárceles en España. Octubre 1978:139-144.

 

Reglamento de los Servicios de Prisiones adaptado a la Ley de 15 de Julio de 1954.(Modificado por el Decreto 162/1968)

Con ocasión de la Guerra Civil Española (1936-1939) el panorama penitenciario español se hizo especialmente sombrío, debido al aumento de prisioneros y a la división social causada por el conflicto. En esta época hay múltiples normas y reglamentos en lo referente al mundo penitenciario, pero cabe destacar el Reglamento de 1956 (Adaptado del de 1954), que se caracteriza por su sencillez de estilo y estructura, su carácter moderno, su adaptación general a las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas de 1955, el humanitarismo y el respeto de la personalidad, la regulación minuciosa de los derechos y deberes de los reclusos, así como de las facultades de los funcionarios.[1]

En lo referente a los establecimientos penitenciarios, establece su clasificación en el capítulo primero. Entre otros aspectos determina la separación por sexos y la clasificación de centros en preventivos y de corrección. Entre las Prisiones preventivas se encuentran las Prisiones Provinciales o de Partido, mientras que los establecimientos de Corrección, también denominados Prisiones Centrales, son los que se destinan al cumplimiento de las condenas privativas de libertad.

Ley Orgánica General Penitenciaria de 1979 (Basada en los principios de la Constitución Española de 1978, especialmente el artículo 25.2)

Motín en Carabanchel, 1976 (Fuente: EFE)

Motín en Carabanchel, 1976 (Fuente: EFE)

Durante los años siguientes la situación penitenciaria se fue deteriorando de manera progresiva, lo cual desembocó en una serie de revueltas y motines en la década de los 70. Así en el momento de la redacción del ‘‘Anteproyecto de Ley General Penitenciaria’’ en 1978 gran parte de los edificios se encontraban en un estado desastroso como consecuencia de los motines e incendios, sobre todo en los centros preventivos[2] (Sobre todo debido a las denominadas ”Revueltas de los Comunes”). Entre las novedades introducidas que afectan a la organización de los establecimientos, la principal es el cumplimiento de las penas por parte de los menores separadamente de los adultos, así como fijar una ocupación máxima de trescientos cincuenta internos por unidad. Sin embargo el más significativo es el artículo 13, donde se establece que ‘‘los establecimientos penitenciarios deberán contar en el conjunto de sus dependencias con servicios idóneos de dormitorios individuales, enfermería, escuelas, bibliotecas, instalaciones deportivas y recreativas, talleres, patios, peluquería, cocina, comedor, locutorios individualizados, departamento de información al exterior, salas anejas de relaciones familiares y, en general, todos aquellos que permitan desarrollar en ellos una vida de colectividad organizada y una adecuada clasificación de los internos, en relación con los fines que en cada caso les están atribuidos.’’

Estos principios de la Ley Orgánica tendrán su materialización en el Reglamento Penitenciario, siendo su versión más reciente la aprobada en el Real Decreto 190/1996 (con modificaciones puntuales para adaptarse a las modificaciones del Código Penal)

Entre los cambios más significativos con encontramos la recuperación del régimen celular no para el aislamiento, sino para garantizarla intimidad del preso, y la introducción del concepto de Habitabilidad en el uso peniteicario

El Capítulo IV  está dedicado a los Establecimientos penitenciarios , y dentro del mismo son significativos los artículos 13 y 14, ya que el primero retoma el principio celular mientras que el segundo introduce el concepto de Habitabilidad (condiciones mínimas de iluminación, ventilación, higiene…) en el uso penitenciario.

 

En la próxima entada haremos un recorrido por las cárceles que han existido en la ciudad de A Coruña y observaremos como su forma y funcionamiento se corresponde con lo que acabamos de ver.

 


Referencias y Citas

[1]              Bueno Arus F. Las prisiones españolas desde la guerra civil hasta nuestros días (1978). Historia 16. Extra VII – Cárceles en España. Octubre 1978:117-118.

[2]              Bueno Arus F. Las prisiones españolas desde la guerra civil hasta nuestros días (1978). Historia 16. Extra VII – Cárceles en España. Octubre 1978:127.

 

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